Los dirigidos por Manolo González se hicieron fuertes de local y vencieron 2-0 al Real Oviedo.
La anhelada espera llegó a su fin, tras un difícil año en segunda división la plantilla catalana vuelve a donde pertenece.

Como cualquier partido de este calibre, los roces dijeron presente en todo momento, fricciones, sobre exaltación y duelos personales encandecían la gran disputa.
Los locales ejercían una fuerte presión escalonada y adelantada, el veloz despliegue ofensivo por las bandas encerraba a un oponente que solo se enfrascaba en pelotear y contragolpear las espaldas.
Un desolado paso del tiempo poco a poco bajaba el nerviosismo y enfriaba los decibeles, la partida entraba en un trance de equilibrio, sin embargo minutos antes de partir al descanso llegaría el sorpresivo vendaval goleador; un corner ejecutado milimétricamente seria aprovechado por Puado que sin dudarlo la puntea al fondo de la red y como el que es caballero repite, (dice el dicho popular) dos minutos después, nuevamente el sagaz delantero ampliaría la ventaja haciendo explotar a la fanaticada entera.

El paso por los vestuarios evidenció un cambio de planteamiento, Carrión reestructuro la figura convirtiéndola en un arsenal ofensivo. Por su parte, el conjunto Blanquiazul con calma y cabeza fría manejaba inteligentemente los tiempos y espacios.
La plantilla asturiana fue ganando terreno e incrementó una marcha más, la entrada del experimentado Santi Cazorla potenció todas sus líneas, pero con determinación y seguridad la defensa “Perica” supo sortear toda situación.
Finalmente el tiempo no dio para más y el Espanyol junto a los 33.107 espectadores celebraron el añorado regreso a la máxima competición española de fútbol.





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