El Estádio do Dragão acogió la décima jornada con el aura de quien sabe que un partido puede no decidir un título, pero siempre revela algo sobre quién lo desea. De un lado, el FC Porto de Francesco Farioli, líder aislado, casi inmaculado, apenas manchado por el empate con el Benfica. Del otro, un SC Braga de Carlos Vicens irresistible en la Liga Europa, pero sorprendentemente apagado en territorio nacional, atrapado en un inicio que lo empuja a un incómodo sexto puesto y a diez puntos del podio.

Foto: FC Porto X (02/11/2025)

El escenario era portugués, pero el acento, ese, bailaba en castellano. Samu vistiendo de dragón; Pau Víctor y Víctor Gómez cargando el escudo bracarense; y, en el banquillo, un desfile de españoles listos para entrar en escena — Alarcón, Borja Sainz, Gabri Veiga, Fran Navarro, Gabri Martínez. Una pequeña Liga española dentro del Dragão.

A los dos minutos, el Porto ensayó el primer rugido: un disparo violento, de esos que parecen querer despertar las gradas, pero que encontró los guantes firmes de Horníček.

El Braga, sin embargo, no vino a asistir a la fiesta. Seguro, confiado, mordiendo cada metro, recuperaba balones con hambre y salía jugando con la naturalidad de quien entrena la improvisación. Fluido, atrevido, dueño de una serenidad que contrastaba con cierta ansiedad blanquiazul.

A los 26’, Ricardo Horta apareció en el segundo palo como quien entra de puntillas en una sala en silencio, listo para estropear el ambiente pero Diogo Costa no lo permitió. Atajó con autoridad y recordó por qué es uno de los mejores del mundo en su arte.

El Porto respondía subiendo líneas, pero siempre dejando un rastro de espacios que el Braga aprovechaba con inteligencia. Y cuando, a los 31’, Froholdt envió el balón a la portería bracarense tras una falta, el Dragão llegó a explotar… solo para ser silenciado segundos después por el silbato del árbitro: falta antes del disparo, gol anulado.

El Dragão solo vibró de verdad a los 44’. Samu recibió, giró, vio la brecha y remató con convicción. El balón desvió en Rodrigo Mora, tomó otra vida y entró. El marcador dio el gol al joven portugués, pero el impulso, ese, tenía sabor español.

Si la primera parte terminó con un Porto más aliviado que convencido, la segunda comenzó con el Braga queriendo reescribir la historia. A los 51’, córner lanzado por Ricardo Horta, confusión en el área, y Víctor Gómez, pequeño de tamaño pero gigante en el momento, subió al cielo del Dragão para empatar de cabeza. Y con eso nació la ola de protestas portistas que ya se adivinaba.

El Porto intentó reaccionar — Froholdt amenazó a los 54’, Pepê insistió en el rechace — pero era el Braga quien marcaba el ritmo. El equipo minhoto mandaba en el partido con autoridad: posesión, líneas juntas, combinaciones rápidas, desmarques certeros, esa sensación de que siempre sabía dónde estaba el compañero. Los dragones, por su parte, acumulaban pases fallados, gestos apresurados, señales de incomodidad.

A los 70’, Fran Navarro tuvo en sus pies el silencio total del Dragão. Solo en el segundo palo, con el gol pidiendo existir, lanzó por encima. Una advertencia sonora de las fragilidades defensivas portistas.

Foto: Pau Victor (Agencia Lusa, O Jogo – site 02/11/2025)

El Porto intentaba reencontrarse, pero cada avance era ahogado por el bloque bracarense, que parecía controlar todos los caminos posibles para salir jugando. Aun así, cuando el talento decide aparecer, poco más hay que hacer. Ya se respiraba la idea del empate cuando Gabri Veiga, con un gesto fino, asistió a Borja Sainz. El español arrancó, vio salir a Horníček y definió con frialdad. El Dragão volvió a ganar color.

Y, sin embargo, el Porto reculó después del gol. Volvió a entregar el dominio, como quien intenta sobrevivir a su propia ventaja.

La noche en el Dragão fue una de esas lecciones eternas del fútbol: no siempre vence quien manda, quien encanta, quien controla. A veces bastan los detalles un disparo bien medido, un fallo mal calculado — para cambiar la narrativa. El Braga fue superior en mucho de lo que importa, pero pagó caro por pequeños deslices. El Porto, lejos del brillo que ya mostró, venció porque supo ser eficaz en el momento justo.

Al final, los números hablan por sí solos: el FC Porto se mantiene aislado en la cima, con 28 puntos. El SC Braga, pese a la exhibición valiente, permanece séptimo, atrapado en sus 13.

En el Dragão, el viento sopló desde España y se llevó los tres puntos con él.

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