La Ronda de Comodines confirmó que los playoffs no se juegan con el plan perfecto, sino con la capacidad de sobrevivir al caos. La NFC abrió con dos clásicos: Rams remontando con Stafford y Bears firmando una de esas noches que se quedan para siempre. La AFC respondió con un domingo de tensión, donde Josh Allen rompió su propia maldición y Buffalo por fin ganó fuera de casa en enero.

Y cuando parecía que el fin de semana ya lo había dado todo, San Francisco golpeó en Philadelphia con una victoria de pura resistencia, mientras New England impuso oficio y se apoyó en una defensa que le dio tiempo a su quarterback para crecer dentro del partido. El mensaje fue brutal: enero no perdona… pero también recompensa a quien se atreve.
Rams sobreviven a Carolina y Stafford firma otra remontada de playoff (31–28 Panthers)
Los playoffs arrancaron con un guion de película: Rams golpeando primero, Panthers reaccionando con alma y un final decidido por nervios de acero. Los Ángeles tuvo tramos de desconexión, cometió errores que le abrieron la puerta a Carolina y hasta se vio amenazado por el caos de equipos especiales. Pero cuando el partido entró en el último cuarto, Stafford volvió a ponerse el traje de enero.
Carolina compitió con orgullo y llegó a creer que podía rematarlo en casa. El estadio se encendió, el momentum cambió y el partido pareció escaparse. Pero los Rams fueron más fríos. Encontraron dos series ofensivas ganadoras y cerraron el duelo en el último suspiro. No fue una victoria limpia: fue una victoria de experiencia, de saber exactamente cómo se ganan estos partidos cuando todo tiembla.
Bills rompen la maldición: Josh Allen aparece cuando el partido quema (27–24 Jaguars)
Buffalo llegó a Duval con una carga histórica encima. Y por momentos, el partido amenazó con reabrir viejos fantasmas: Jacksonville llevó el duelo a un terreno incómodo, se sostuvo con agresividad y llegó a ponerse por delante en el último cuarto. Pero ahí apareció la diferencia: Josh Allen en modo rescate.
No fue un partido de control absoluto. Fue un partido de supervivencia emocional. Buffalo vivió sacudidas, sufrió en defensa durante tramos largos y tuvo que responder bajo presión una y otra vez.
Y cada vez que el partido pedía un quarterback que cargue el peso, Allen lo hizo. Los Bills ganaron con una jugada grande final y una defensa que, cuando más lo necesitaban, cerró la puerta con una intercepción decisiva. Jacksonville se marcha con una temporada enorme, pero también con la herida de haber tenido el partido cerca… y dejarlo escapar. Buffalo, en cambio, rompe por fin su barrera mental: ganar fuera en playoffs cambia todo.
Bears borran una desventaja gigante y eliminan a Green Bay en una noche histórica (31–27 Packers)
Green Bay parecía tener el guion controlado. Dominio ofensivo, ventaja amplia y sensación de que Chicago estaba atrapado. Pero en playoffs, la ventaja no vale nada si no sabes sostenerla. Los Bears se aferraron al partido con una mezcla peligrosa: orgullo, estadio y un quarterback que no se esconde cuando todo se rompe.
Caleb Williams vivió una montaña rusa: errores, frustración, decisiones al límite… y luego, el despegue total. En la segunda mitad empezó a atacar profundo, a mirar campo abajo incluso con presión y a convertir cada serie en una declaración. Chicago encontró el ritmo cuando parecía imposible, y el Soldier Field se convirtió en un empuje constante. Green Bay colapsó en el tramo final, con fallos que duelen y que en enero se pagan caro. Chicago no solo avanzó: firmó una noche de rivalidad eterna.

49ers asaltan Philadelphia: Purdy sobrevive a los errores y golpea al campeón (23–19 Eagles)
San Francisco llegó diezmado, con bajas sensibles y con el tipo de circunstancias que suelen condenar a cualquiera en playoffs. Y aun así, ganó en Philadelphia. No fue una actuación perfecta de Brock Purdy. Hubo errores, hubo intercepciones, hubo momentos en los que pareció querer hacer demasiado. Pero el sello de enero no es jugar perfecto: es aparecer cuando el partido se decide.
Con el marcador apretado y el reloj jugando su propio partido, Purdy lideró la serie que cambió la historia: escapó de la presión y conectó el golpe definitivo. Además, San Francisco encontró héroes inesperados. Gente secundaria que apareció cuando faltaban nombres grandes. Y atrás, una defensa que no necesitó dominar: le bastó con resistir y cerrar la última oportunidad.
Philadelphia compitió, pero su ataque aéreo volvió a dejar dudas, demasiado previsible y sin filo. El campeón cae en casa. San Francisco avanza herido… pero vivo. Y eso en playoffs es lo más peligroso.
Patriots imponen oficio: la defensa sostiene y Drake Maye se transforma(16–3 Chargers)
No fue un partido bonito. Fue un partido de enero. Posesiones largas, golpes constantes y una batalla donde cada avance costaba. Los Patriots lo ganaron desde el principio con una idea: defender primero, resistir después y golpear cuando aparezca la ventana.
El inicio de Drake Maye fue incómodo. Nervios, imprecisiones, un par de decisiones que parecían darle vida a los Chargers. Pero la defensa de New England mantuvo el partido en hielo y le dio tiempo a su quarterback para asentarse. Y cuando Maye empezó a sentirse cómodo, cambió todo: corrió cuando tenía que correr, sostuvo drives y encontró la jugada grande en el momento justo.
Los Chargers, otra vez, se quedaron cortos en playoffs. Herbert no logró romper el guion y la ofensiva se estrelló contra una muralla. New England, sin brillo excesivo, hizo lo que hacen los equipos serios: ganar el partido que toca ganar.
Texans aplastan a Pittsburgh y mandan un mensaje para la AFC (30–6 Steelers)
Houston no llegó a playoffs para aprender. Llegó para competir. Y lo dejó claro. Partido físico, serio, sin pánico. Los Texans impusieron su ritmo, dominaron el tono emocional del encuentro y castigaron a Pittsburgh en los momentos en los que el partido pedía precisión.

Los Steelers intentaron sostenerse con su fórmula, pero la ofensiva nunca encontró continuidad. Cada error se convirtió en una carga extra. Y cuando Pittsburgh parecía que podía mantenerse cerca, Houston rompió el partido con una jugada defensiva que cambió el pulso por completo. Fue el tipo de golpe que no solo suma puntos: rompe confianza.
Los Texans avanzan con una sensación muy peligrosa: creen en sí mismos. Su defensa marca territorio y su ataque ya no juega como promesa, sino como realidad. Pittsburgh se despide con frustración. Houston, en cambio, llega a la Divisional con el mensaje escrito en grande: no son invitados.
Lo que dejó el fin de semana: enero elige a los valientes
La ronda dejó un patrón claro: los equipos que avanzan no son los que hacen todo perfecto, sino los que responden cuando el partido exige liderazgo. Allen rompió una barrera histórica para Buffalo. Purdy sobrevivió a sus errores y ganó en casa del campeón. Maye empezó torcido y terminó mandando. Stafford demostró, otra vez, que sabe jugar el cuarto cuarto de enero. Y Chicago firmó un capítulo eterno en su rivalidad.
Ahora viene lo de verdad: la Ronda Divisional. Donde ya no hay margen para sobrevivir. Hay que dominar.





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