La Ronda Divisional fue la semana donde los equipos dejan de “soñar” y empiezan a pagar el precio real de enero. Hubo prórrogas, estadios temblando, quarterbacks al límite… y también una certeza: ya no quedan medias tintas. Denver se llevó un thriller en Mile High ante Buffalo, Seattle pasó por encima de San Francisco con una paliza que nadie vio venir, New England volvió a ganar desde la defensa y el caos controlado, y Los Angeles Rams firmaron otra supervivencia como visitantes para eliminar a Chicago en overtime.

Fuente: Broncos Denver | Foto: Ben Swanson

Resultado final: ya están definidos los finalistas. AFC Championship: Broncos vs Patriots. FC Championship: Seahawks vs Rams. Y lo mejor (o lo peor): todos llegan con dudas, golpes y una historia distinta que contar.

Mile High arde: Broncos eliminan a Bills en un overtime de locura (33–30 Bills)

El fin de semana arrancó con un partido que se sintió como una final anticipada. Denver y Buffalo jugaron en esa frontera donde un solo error cambia una temporada. Los Bills volvieron a moverse al filo de su propio caos: Josh Allen sostuvo al equipo con carácter y momentos decisivos, pero el partido se fue llenando de golpes, resbalones y entregas que dejaron a Buffalo expuesto justo donde más duele: el cierre.

Denver no fue perfecto, pero sí resistente. Aguantó cada sacudida, sobrevivió cuando el partido amenazaba con escaparse y empujó el duelo hacia el terreno más cruel: la prórroga, donde ya no hay margen ni red. En overtime, los Broncos encontraron una última puerta y la cruzaron. La victoria los mete en el AFC Championship, pero deja una sombra enorme. Bo Nix terminó tocado y todo cambia. Denver está en la final. El precio, quizá, sea brutal.

New England castiga a Stroud y vuelve a ganar desde la defensa y el colmillo (28–16 Houston)

En Foxborough, el partido fue feo, frío y desordenado. Y en ese tipo de noches, los Patriots se mueven como si lo hubieran escrito antes. Houston llegó con una racha poderosa y una defensa que marcaba el camino, pero todo se rompió pronto por el motivo que mata temporadas: perder el balón cuando no se debe.

Fuente: Texans Houston | Foto: Ben Solomon

Stroud vivió un primer tiempo que lo persiguió como una pesadilla. New England olió sangre y atacó con una defensa que no solo taclea: castiga. Presión constante, intercepciones y golpes mentales. Cada error pesó el doble porque el rival siempre lo devolvió en puntos. Drake Maye no tuvo una noche limpia, pero respondió cuando partido exigió precisión. Encontró la jugada clave y la defensa cerró al Championship local.

Seattle aplasta a los 49ers y convierte el playoff en una declaración (41–6)

Esto no fue un partido. Fue un mensaje. Seattle no solo ganó: borró a San Francisco del mapa. Desde el arranque, el Lumen Field olía a noche de paliza. Una devolución de kickoff para touchdown encendió el estadio y marcó el tono. Desde ahí, el duelo se jugó a un solo ritmo: el de unos Seahawks agresivos, físicos y sin conceder oxígeno.

San Francisco intentó responder con una primera serie vital para sobrevivir, pero se enredó en decisiones, nervios y una cuarta oportunidad que terminó siendo el principio del fin. A partir de ahí, todo se desmoronó. Presión constante, ataque sin fluidez, receptores invisibles y un Brock Purdy obligado a improvisar en un entorno imposible.

Seattle no necesitó héroes. Necesitó orden, disciplina y una defensa demoledora. El marcador fue brutal, pero el mensaje aún más claro: los Seahawks están hechos para enero.

Fuente: Los Angeles Rams | Foto: Brevin Townsell

Rams vuelven a sobrevivir como visitantes y rompen el corazón de Chicago (20–17)

El partido más cruel del fin de semana se jugó en Chicago. Los Bears tuvieron el estadio, el momento y la historia de su lado, pero los Rams tienen algo que no se compra: oficio de enero. Los Ángeles empezó con autoridad, luego se congeló durante largos tramos y entró en una de esas noches donde todo cuesta, incluso avanzar una yarda. Aun así, resistió.

Chicago vivió el drama completo de Caleb Williams: lo brillante, lo imprevisible y lo doloroso. Williams regaló momentos de puro cine, especialmente el pase final que forzó el overtime y puso al Soldier Field al borde del delirio. Por segundos, pareció que el destino estaba escrito.

Pero la prórroga es un lugar frío. Ahí ya no vale la épica. Vale el detalle. Y Chicago pagó el precio con una intercepción que cambió la historia y abrió el camino al cierre definitivo. Los Rams no vuelan, pero siguen vivos. Y en enero, eso lo es todo.

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