En la Ciudad Deportiva Dani Jarque no hubo vencedores ni vencidas. El 1-1 entre el RCD Espanyol Femenino y el DUX Logroño, en la 20ª jornada de la Liga F, refleja a la perfección la tensión de un duelo directo por la permanencia: un punto que suma, pero que deja un sabor amargo en ambos lados.

Foto: David Jiménez // RCD Espanyol
Penaltis y miedo: un equilibrio que no basta
Era un partido que valía más que tres puntos. El Espanyol llegaba de la derrota ante el Real Madrid Femenino (0-3), un resultado previsible pero que había dejado huella en el ánimo, y buscaba una victoria para alejarse definitivamente de la zona caliente. El Logroño, por su parte, venía de caer frente al FC Barcelona Femení, aunque con una imagen defensiva sólida que quería confirmar en Barcelona.
El resultado fue un encuentro cerrado, tenso, jugado más desde el duelo y la intensidad que desde la calidad.
El Espanyol golpea con Ballesté
La puesta en escena de las catalanas fue decidida: presión alta y voluntad de imponer su ritmo desde el primer minuto. El DUX intentó ganar metros tras el primer cuarto de hora, acumulando posesión y acciones a balón parado, pero la sensación era que las pericas mantenían el control emocional del partido.
La acción clave llegó en el minuto 28. Penalti a favor del Espanyol, entre las protestas visitantes. Desde los once metros asumió la responsabilidad Laia Ballesté: ejecución firme, 1-0 y alivio en la Dani Jarque. El tanto premiaba una primera parte intensa, marcada también por varias amonestaciones, pero con las locales por delante al descanso.

Foto: David Jiménez // RCD Espanyol
Isina responde y el Logroño crece
La segunda mitad siguió un guion similar hasta el minuto 55, cuando un nuevo episodio cambió el rumbo. La colegiada fue llamada para revisar una posible falta en el área de Amaia y, tras la revisión, señaló penalti. Isina no falló y firmó el 1-1.
El empate modificó la inercia del encuentro. El Logroño ganó confianza, adelantó líneas y comenzó a gestionar con mayor continuidad la posesión. El Espanyol acusó el golpe, perdió claridad en ataque y se sostuvo más en la solidez que en la iniciativa.
Un punto que sabe a poco
En el tramo final pesó más el miedo a perder que la ambición por ganar. Ambos equipos se estiraron, pero sin generar ocasiones realmente claras. La sensación fue que la importancia de la clasificación superó a las ideas.
Para el Espanyol, es una oportunidad parcialmente desaprovechada: por delante en casa y ante un rival directo, dejó escapar dos puntos y ahora deberá mirar a la próxima jornada frente a la Real Sociedad Femenino con cierto sabor a frustración.
Para el DUX Logroño, en cambio, el empate supone una muestra de carácter: supo reaccionar tras ir por detrás en el marcador y rescatar un punto valioso.
La lucha por la permanencia sigue completamente abierta. Y en la Dani Jarque, más que nadie, ganó la tensión.






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