El Rayo Vallecano tuvo el final más hermoso dentro de una triste película.
Pues no pudo ser. El destino es tan caprichoso que cuanto más deseas algo, más tentador es para él arrebatártelo y dejarte con la vacía e inequívoca sensación de vacío existencial. Sí, cuando la moneda cae de tu lado, la vivencia es una explosión de júbilo y alegría… pero cómo duele el desamor.
Sin embargo, la historia del Rayo Vallecano en esta maravillosa competición europea es de esas películas románticas con un final infeliz que te dejan con la sensación abierta. ¿Cómo es posible que, con tanta pena, pueda sentir felicidad? Sencillo. La felicidad es ese sentimiento que aparece al recordar esos duros momentos que se han vivido y se viven constantemente en el barrio más grande de Europa. Vienen al comprender que ya el hecho de haber llegado a Leipzig es un trofeo, al reconocer que el Rayo no estaba casi invitado a la fiesta privada de clubes prestigiosos y aun así irrumpió en la final de la forma más barriobajera posible, encandilando corazones y volviendo locos a los cerebros. La felicidad es el verdadero «disfrutar del camino».
No es normal que un barrio que no suele ser publicitado como presumido tenga el poder de atrapar mentes y alegrar corazones de esta forma tan melódica. Y es que es irónico y real a la vez: nadie contaba con ello. Como bien dijo Trejo en la previa, un grupo de amigos iba a disputar una final. Lo que no sabía el bueno del argentino es que ese grupo de amigos no lo conformaban únicamente su equipo y cuerpo técnico, ya que fueron responsables de que el barrio entero y la afición se sintieran uno con ellos también.
El incansable apoyo cada jueves y domingo en Vallecas, un barrio volcado, el desplazamiento masivo con sus estafitas y su posterior crowdfunding… Una aventura llena de baches y piedras en el camino que se pudieron solventar hasta que no se pudo más. Por eso al acabar el partido de ayer (como cualquier otro), el poder de la afición rayista hacía pensar a los recién llegados que los franjirrojos habían salido campeones. Aunque no figurarán como tal en los libros de historia, lo de este equipo sí ha sido histórico, de campeonato.

Una temporada para pensar
Ahora siendo un poco más críticos con todo, ya es hora de que el club dé un paso hacia adelante en cuanto a la imagen que representa y a la gente a la que abandera. No es serio que un equipo que llega a una final europea de esta forma y se queda a las puertas de una segunda clasificación consecutiva, tenga las instalaciones que tiene y cómo las tienes. A pesar de que haya gente que las romantice por su identidad de «humilde«, un club no puede ni tener su estadio tan descuidado ni una ciudad deportiva (donde se forjan las futuras estrellas) tan abandonada y dejada de lado como está. Un club finalista de Europa y octavo de España no puede vivir así.
La afición pide un paso al lado de su actual presidente, Martín Presa, y un cambio radical en la forma de estructura de trato hacia el barrio. No quieren mover al Rayo de Vallecas y demandan una actualización a los tiempos que corren. ¿Un club como el Rayo no tiene venta de entradas online? No hace falta ponerlas todas, pero la mera posibilidad de adquirir alguna que otra no estaría nada mal.

Por eso la gesta de este Rayo Vallecano tiene mucho más mérito que cualquier otra. Un equipo que, con la marea y el viento en contra, ha sabido cómo remar para siempre ir de frente, sin tapujos y sin pedir ni perdón ni permiso a nadie. Esa arrogancia nutrida por los fallos de la directiva los ha hecho inquebrantables. Cuanto más se hablaba de los errores y cosas de arreglo del club, más se unía el vestuario. Y vaya si se hizo notar que un tal Íñigo Pérez y sus amigos enamoraron a un país entero. Quien tiene al enemigo en casa no le teme a nada.
Ahora llega un periodo nuevo. Altas, bajas, reestructuración… la temporada ha acabado, pero la actividad no y los seísmos se empezarán a notar dentro de poco. El próximo capítulo de la historia vallecana tratará de cómo salgan de este ya presente momento de reflexión y fichajes una vez que el barco llegue a puerto. ¿Quién lo dirigirá? ¿Quiénes serán sus tripulantes? ¿Quién será el encargado de supervisar que todo esté bien? Y lo más importante, ¿a dónde irá este barco pirata? Sólo una cosa está clara: van a haber muchísimos más bucaneros que sigan de cerca a esta balandra franjirroja. El Rayo puede ser muchas cosas, pero jamás será una nao abandonada, pues está llena de zafiros, rubíes y esmeraldas.






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