La lección de que el favoritismo teórico no gana partidos en el escenario actual quedó bien patente en el debut de Portugal en el Mundial de 2026. Frente a la República Democrática del Congo, la selección lusa firmó un arranque de lujo que pronto se desvaneció en un fútbol gris y sin soluciones, resultando en un frustrante empate a uno que castiga la desconexión del equipo tras el primer cuarto de hora.
Todo comenzó como dicta el manual del fútbol espectáculo. Con las líneas adelantadas, una presión asfixiante y total autoridad en el control del juego, el combinado portugués no tardó en traducir su dominio en fiesta. Corrían apenas seis minutos cuando Pedro Neto puso un centro medido al corazón del área, allí apareció João Neves, imperial en las alturas, para cabecear al fondo de la red. Llegaba el primero de la tarde y un bautismo de ensueño para el centrocampista del PSG en el torneo.

Sin embargo, la promesa de una noche tranquila acabó convirtiéndose en una ilusión. Con el paso de los minutos, Portugal se desenchufó, permitiendo que los congoleños estabilizaran sus líneas y comenzaran a mandar en el centro del campo. La bajada de rendimiento lusa tuvo el peor desenlace posible justo antes del descanso. En el último suspiro de la primera parte, un centro colgado desde la banda derecha sobrevoló a la defensa portuguesa y Yoane Wissa, sin oposición en el segundo palo, cabeceó de forma certera para batir a Mpasi Nzau y restablecer la igualdad.
La segunda mitad del encuentro aportó una dosis extra de drama táctico y tintes de insistencia que asfixiaron al centro del campo congoleño.
En el intento de romper la previsibilidad lusa, la introducción de Francisco Conceição en el partido por parte del técnico español Roberto Martínez agitó de inmediato el carril derecho, donde el extremo dibujó jugadas en velocidad que culminaron, en el minuto 73, en un centro tenso al corazón del área; allí, Cristiano Ronaldo apareció anticipándose a la marca y remató de primeras, con el balón rozando el larguero de Mpasi Nzau.
Poco antes, la ingeniería ofensiva ya había producido el momento más espectacular de la noche: João Cancelo controló con el pecho y firmó una chilena perfecta al fondo de las mallas, en una acción invalidada por fuera de juego.

Ni el arreón final de Bruno Fernandes desde la frontal del área, ni el peso físico de Rafael Leão y Gonçalo Ramos ,introducidos para fijar a los centrales, lograron doblegar la muralla de la República Democrática del Congo, que se cerró con una línea de cinco defensas infranqueable hasta el pitido final.
Entre la falta de lucidez ofensiva y algunos errores en zonas comprometidas que casi cuestan más caro, Portugal terminó estrellándose contra el muro rival, viendo cómo el pitido final sellaba un empate amargo que obliga al equipo a redefinir estrategias para los próximos compromisos de la fase de grupos, Uzbekistán y Colombia.





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