Anoeta fue escenario de un encuentro equilibrado e intenso, en el que el Espanyol demostró tener argumentos para competir por el resultado hasta el pitido final, aunque terminó cayendo por 2-1 ante la Real Sociedad. El equipo de Manolo González se marchó de San Sebastián sin recompensa, pero dejó sensaciones positivas en un partido en el que supo reaccionar tras encajar muy pronto y consiguió poner en dificultades al conjunto vasco.

El público de San Sebastian donostiarra apenas había terminado de ovacionar a su capitán por lá conquista del Mundial cuando comenzó a rodar el balón y el dorsal diez se encargó de demostrar sobre el césped el motivo de tanta admiración. Con dos asistencias de enorme precisión, Oyarzabal asumió el mando del encuentro y ejerció de auténtico director de orquesta en la primera victoria del curso para la Real Sociedad.
El planteamiento inicial de los vascos se apoyó en una presión asfixiante en campo contrario, dificultando constantemente la salida de balón del conjunto catalán. El primer golpe llegó a los cuatro minutos, un pase comprometido de Cala hacia Edu Expósito en una zona peligrosa permitió a la línea adelantada de la Real recuperar la posesión. Oyarzabal avanzó sin oposición hasta la frontal del área y encontró a Barrenetxea, que de primeras dibujó un disparo con rosca imposible para Dmitrovic, alojando el balón en la escuadra.
Apoyado en la circulación dinámica de Sucic en la medular y en las constantes arrancadas de Sergio Gómez por el costado izquierdo, el equipo de Matarazzo controló el ritmo durante buena parte del primer tiempo. El Espanyol de Manolo González tuvo problemas para cerrar los espacios interiores y volvió a depender de Dmitrovic, que negó el gol a Oyarzabal y, poco después, desvió con la punta de los dedos un cabezazo involuntario de Omar que terminó estrellándose contra el larguero.
Sin embargo, el fútbol castiga la falta de contundencia. En el tiempo añadido de la primera mitad, en una de las escasas transiciones rápidas de los visitantes, Javi Hernández apareció por el extremo izquierdo y puso un centro medido a la espalda de Jon Martín. Roberto ejecutó a la perfección el remate de primeras y cruzó el balón lejos del alcance de Remiro para establecer el 1-1.

Tras el descanso, Manolo González modificó la estructura e introdujo a Moscardo, que debutó oficialmente con el Espanyol en el centro del campo. El cambio aportó mayor presencia física y permitió a los pericos organizarse mejor en bloque medio, lo que se tradujo en un crecimiento progresivo de su juego. Entre los minutos 55 y 68 llegó su mejor tramo, con una falta directa de Javi Hernández que pasó rozando el poste y un disparo de Moscardo que Remiro consiguió desviar.
Pero cuando el encuentro exigía precisión para romper el entramado defensivo visitante, volvió a aparecer la calidad del capitán de la Real. En el minuto 62, Sucic encontró a Oyarzabal entre líneas y el internacional español, sin precipitarse, levantó la cabeza antes de filtrar un pase perfecto para Óskarsson. El delantero definió raso y ajustado junto al poste derecho de Dmitrovic para colocar el definitivo 2-1.
El tramo final convirtió el partido en un duelo más abierto y cargado de tensión, con la lesión de Remiro, una intervención providencial de Dmitrovic ante un remate de Guedes y un episodio de tensión en el banquillo local que terminó con la expulsión de Matarazzo por protestar.

El resultado deja naturalmente un sabor amargo al Espanyol, pero la actuación permite extraer conclusiones menos negativas de lo que refleja el marcador. El equipo mostró capacidad de reacción, competitividad y calidad en las transiciones ofensivas, con Javi Hernández como una de sus principales armas.
Para el conjunto vasco quedan los primeros tres puntos de la temporada y una victoria construida a partir de la inspiración de su capitán. Para el Espanyol, la derrota obliga a seguir buscando resultados, pero la capacidad mostrada en Anoeta ofrece motivos para pensar que el equipo puede sacar más rédito de este tipo de partidos en las próximas jornadas.







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