El Espanyol dejó escapar en La Rosaleda una victoria que, por momentos, pareció tener al alcance de la mano. En su regreso a la competición tras el parón internacional, el conjunto catalán ofreció argumentos suficientes para llevarse de Málaga tres puntos de gran valor, pero terminó pagando su incapacidad para cerrar el partido y encajó el empate (1-1) en el minuto 90+3, en la octava jornada de LaLiga.

Pese a un comienzo en el que el Málaga llevó la iniciativa, buscando especialmente la profundidad por la banda izquierda, los catalanes supieron aprovechar mejor los espacios. En el minuto 13, Bryan Zaragoza marcó las diferencias con una acción individual, superó a Puga y Calero y culminó la jugada con un disparo raso junto al primer palo que sorprendió a Alfonso Herrero. Con el marcador a favor, el equipo dirigido por Manolo González encontró oportunidades para explotar las transiciones ofensivas ante un rival que acumulaba la posesión, pero dejaba demasiados espacios a su espalda.
Roberto Fernández estuvo cerca de ampliar la ventaja, primero con un taconazo y después con un remate a bocajarro, pero Herrero y un despeje de Puga sobre la línea evitaron el segundo tanto. Javi Hernández también se encontró con la intervención de Rafita, en una primera parte en la que el Espanyol demostró su capacidad para convertir recuperaciones y ataques rápidos en ocasiones claras. Bajo palos, Ángel Fortuño respondió con solvencia, incluida una intervención decisiva ante Larrubia.

Tras el descanso, Manolo reforzó el centro del campo con la intención de controlar mejor las llegadas del rival. Sin embargo, Pablo Martínez estrelló un lanzamiento de falta directa en el larguero y el Málaga aumentó la presión con los cambios.
El Espanyol resistió hasta el tiempo añadido, pero en el minuto 93 Rafita puso un centro desde la derecha y Adrián Niño apareció para rematar de primeras y establecer el empate definitivo.

El conjunto catalán se marcha con la frustración de haber desperdiciado una ventaja construida a base de eficacia, solidez y peligro al contragolpe, en un desenlace que vuelve a poner de manifiesto la necesidad de encontrar una mayor regularidad en los resultados.





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