Los españoles y los galos protagonizaron un auténtico partidazo en semifinales que se acabaron llevando por la mínima los de Luis de la Fuente

En Stuttgart se vivió algo más que una semifinal de la Nations League. Fue una noche de vértigo, una montaña rusa futbolística en la que España se impuso 5-4 a Francia en un partido salvaje, inolvidable y cargado de señales de grandeza.

A ritmo de descapotable, con el talento desatado de Lamine Yamal, el liderazgo silencioso de Oyarzabal y las manos milagrosas de Unai Simón, La Roja se ganó el billete a la final del torneo y elevó su candidatura para reinar en el fútbol mundial.

Huijsen y Nico Williams celebran. Foto via ‘X’




España no fue perfecta, pero sí fue letal. Su fútbol, alegre y valiente, volvió a conectar con la gente. Porque cuando aparecen los genios, la sonrisa regresa. Porque aunque no hay un Puyol, un Ramos o un Piqué, la contundencia ofensiva es de campeón del mundo.



Francia, con un cuarteto ofensivo de vértigo: Mbappé, Dembélé, Olise y Doué; parecía prometer una noche épica. Y lo fue, aunque no como esperaba Deschamps. Su revolución ofensiva se convirtió en un arma de doble filo. España esperó, como Ali en Kinsasa, apoyada en las cuerdas. Y luego, golpeó.

El Ciclón Del Primer Tiempo





El partido comenzó con Francia volcando el juego en campo rival. Theo Hernández estrelló un balón en la escuadra y Unai Simón evitó el 0-1 tras una colada de Mbappé. Pero fue entonces cuando apareció la magia.

Lamine Yamal se escapa de Lenglet. Foto via ‘X’





En el minuto 22, Lamine atrajo marcas, encontró a Oyarzabal en el área, y el delantero de la Real, con una pausa de salón de baile, asistió a Nico Williams para el primer mazazo. Tres minutos después, otra genialidad del ‘10’ dejó solo a Mikel Merino, que definió como si llevara en el bolsillo las llaves del estadio. 2-0 y Francia en la lona.

Los galos intentaron reaccionar, pero chocaron una y otra vez con el muro vasco bajo los palos. Dembélé, Doué, Rabiot… Todos probaron a Unai, y todos salieron frustrados.

Lamine y Pedri, a cuchillo





La segunda parte fue una exhibición de fútbol ofensivo español. En el 53’, Lamine forzó un penalti que él mismo convirtió con una frialdad impropia de sus 17 años. Apenas un minuto después, el joven del Barça asistió a Pedri, que rompió a Maignan para el 4-0. Qué arte tiene el tinerfeño.

Pedri celebra su gol. Foto via ‘X’




Parecía un set de tenis, pero el fútbol, como la vida, tiene giros inesperados. Mbappé marcó de penalti el 4-1, Cherki recortó con un golazo, Vivian anotó en propia puerta y Kolo Muani colocó el 5-4. En apenas veinte minutos, el partido pasó de exhibición a angustia. Francia se lanzó con todo y acarició el empate. Pero España resistió.

Jugadores de Francia aplauden a su afición tras la estrecha derrota. Foto via ‘X’

Triunfo con mensaje… y aviso





España ganó con fútbol, corazón y talento. Ganó siendo vertical, alegre y sin miedo. También sufrió, porque este equipo aún tiene margen de mejora. Pero si algo demostró en Stuttgart es que ya está en la élite. Francia, subcampeona del mundo, fue un gran rival. Pero esta vez, la carroza fue roja. Y al volante, un chavalín catalán de 17 años llamado Lamine Yamal.

Lamine Yamal y Pedro Porro celebran el último gol de la selección. Foto via ‘X’





La Roja defenderá su título en la final contra Portugal. Pero más allá del trofeo, en Stuttgart se firmó otra cosa: el acta de regreso de una selección que emociona, divierte y lo más importante; vuelve a ganar.

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